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Posts Tagged ‘ economía ’

Cuestiones económicas desde el Sur

En este verano liviano en su comienzo, que paulatinamente devendrá en un verano en toda regla, de la noche a lamañana; nuestros próceres políticos están poniendo toda la carne en el asador para que el aumento de las temperaturas sea proporcional a la intensidad del debate, perdón quería decir, discusión permanente (que no debate, por desgracia), sobre todo lo que tenga que ver con la res publica.
No voy a hablar de la Sentencia del Estatut de Cayalunya, algo que va, tras cuatro años de espera, a envenenar la política catalana (y española) durante los próximos meses, y más en el preclima electoral catalán. Todo mensaje o futuro debate sobre las cuestiones que afectan realmente a la ciudadanía en estos momentos quedarán empozoñados, por la torticera interpretación que de la sentencia se haga, de uno u otro lado.
Pero como soy andaluz, me van a permitir que a mi me preocupen otras cosas. Especialmente lo relativo a la reordenación del sistema financiero andaluz, que de hecho en esta tierra se circunscribe a la foto final del sistema de las cajas de ahorro.
Durante años, el debate ha sido la teoría de la unificación (el Santo Grial del neoparlamentarismo andaluz). Sevilla (como concepto politológico) lo ha transmutado en un dogma de fe inalienable y cuyo no seguimiento provoca el anatema político.
La cuestión es que en este tema existe una perspectiva muy “occidentalista” de la cuestión, demasiado política (en función de la corriente dominante) y para nada eficiente desde el punto de vista de la gestión (la más preocupante). Esta cuestión se resuelve en un modelo alejado de la verdadera razón que debe empujar a todo líder político: la eficacia del sistema y la capacidad de generación de riqueza y de nuevas sinergias en el territorio que aparezcan de forma disruptiva y que por tanto generen nuevos potenciales en el mismo.
Desde ese punto de vista, la conformación de una SIP (Sistema de Protección Institucional) entorno a las cajas de Granada, Murcia, Sa Nostra y del Penedés; crea una entidad financiera con poder de articulación en el territorio sumando sinergias y no entrando en competencia endogámica, en toda la zona del Levante español. Además las 4 entidades que crean el sistema, vienen de culturas económicas y modelos de negocio diferentes, lo que sin duda aportará valor a la SIP; para más inri la sede central estará en Madrid, cuestión que evita temas localistas y que además sitúa la acción del ente en el centro económico del país (alguien tiene dudas sobre esto). Por no hablar de que esta solución deja intactas cuestiones que serían un problema para todas las entidades, como es la cuestión de la ubicación territorial de la sede central en caso de fusión, la cuestión relativa a la Obra Social o la pérdida de peso político territorial en la toma de decisiones que afecten a los grandes hitos de cada uno de los territorios afectados por la fusión.
Por contra, la propuesta del dogma, prefiere una gran caja de todas las entidades andaluzas que nacería con varios lastres: una caja intervenida y en bancarrota (por cierto me gustaría ver a sus responsables dando explicaciones en una sede judicial, por su mala gestión y praxis, y por ende poniendo en peligro las inversiones y ahorros de sus clientes, por no hablar del perjuicio que ello origina a su territorio); un conjunto de cajas que han estado compitiendo en el territorio, por lo que en aras de la eficacia, se debería proceder a la eliminación de un gran número de oficinas por redundancia y por ende de empleos; qué pasaría con las obras sociales, con la implicación de las mismas en su respectivos territorios; dónde quedaría la sede central (para mi, esta cuestión es clara, debería ser Málaga, pero me temo que la sede sería para Sevilla); cómo se organizaría la estructura de gestión política y de administración de esa caja única para que las entidades más pequeñas no queden fagocitadas por el “centralismo” político que todo territorio ejerce en su zona de influencia…
Son demasiadas cuestiones, que no sólo suponen interrogantes, sino amenazas tangibles, que lejos de suponer una fortaleza devienen en claras debilidades. En esta cuestión no deben primar cuestiones territoriales y políticas, sino la capacidad que las entidades ahorristas tienen para vertebrar nuevo tejido social y nuevas estructuras en el territorio, alejadas de los hitos tradicionales. Necesitamos poner en marcha un sistema financiero disruptivo, llevado a cabo por este tipo de entidades (los bancos juegan en otra división y con otros intereses), que permita la conexión de nuevos territorios y de nuevos intereses ciudadanos y empresariales, que de otro modo no podrían darse.
Sólo pido a nuestros responsables políticos que sepan ver más allá de las cuitas políticas al uso, y que sepan ver a largo plazo. Este mundo dejó de tener fronteras visibles, hace ya más de una década, es el momento para hacer del concepto “Glocal” un elemento de la nueva economía, de la necesidad de establecer nuevas fórmulas financieras en el territorio, que hagan emerger nuevas alianzas económicas. En un momento de zozobra como el que vivimos y en el que nuestros sistemas de referencia mundiales se han caído o están mutando, ¿no es el momento de realizar acciones que lleven a nuevas estrategias?, lejos de sistemas de referencia anteriores a este período de crisis y cambio.
Son estas y no otras las razones por las que abogo por un SIP como ha trazado Caja Granada y no por un concepto político trasnochado como lo es la “gran caja andaluza”. El futuro financiero estará en manos de grandes entidades económicas cuyas estrategias estarán marcadas por su tamaño y necesitarán cohabitar con otras entidades de menor tamaño, alta flexibilidad y capacidad de adaptabilidad a su entorno que les permita crecer de forma eficaz.
Acaso ese futuro, no pasa por crear un sistema europeo integrado de cajas de ahorro con esas características. Acaso la SIP del Levante español, no podría plantearse la integración con otras cajas similares en tamaño y recursos de Francia e Italia por poner un ejemplo.
Sin duda, sería una forma de avanzar más en un sistema económico de la UE y no sólo monetario, vertebrando territorialmente las regiones en función de intereses estratégicos de nuevas alianzas transfronterizas.

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Fútbol y Geopolítica. ¿Realidad o ficción?

Llevamos 10 días del Mundial de Fútbol, y a pesar de la crisis mundial, los eternos problemas que atenazan nuestras sociedades, ya sea en términos nacionales (paro, inseguridad ciudadana, temor por el futuro nacional) o internacionales (la eterna lacra del hambre en el mundo, el cambio climático, las guerras, la extenuante falta de derechos humanos elementales en muchos países, por citar algunos); la cuestión que arrasa tanto a nivel mediático, como ciudadano en cada rincón del mundo es el Mundial, el sempiterno Mundial.
Es curioso como el fútbol se convierte cada cuatro años, en el altavoz más altisonante de esta pequeña mota del universo llamada Tierra. Como en la Antigua Roma de “Pan y Circo”, el Circus Maximus se revitaliza entorno a 23 señores, vestidos con un pantalón corto detrás de un objeto esférico, que resumen en 90 minutos todas las peores reminiscencias de nuestro pasado histórico común en la humanidad: la Guerra. Ahora bien, se trata de una guerra organizada, sin muertos, salvo la muerte alegórica que representa los egos y orgullos nacionales reducidos a la nada, tras esos 90 minutos, o bien todo lo contrario: la exaltación de los patriotismos más exacerbados de todo el Orbe.
Y es que es muy curioso como los exaltamientos nacionalistas (el que escribe esto, caerá indefectiblemente en esta curiosa antropológica versión del patrioterismo cada vez que juegue “la Roja”) afloran en este planeta, de la mano de uno de los negocios más universales que existen y que más igualan a las sociedades que conforman la humanidad. Muy por encima de otros acontecimientos deportivos planetarios como los Juegos Olímpicos.
Y es que además, en este caso, se da la circunstancia de un hecho político-deportivo que no tiene precedentes ni en las olimpiadas, que afecta a los Jefes de Gobierno, que sacan pecho por sus escuadras nacionales de forma totalmente altiva frente a otros “iguales” (el comentario de Lula a Zapatero, hace unos días sobre el papel de favorita de España, tras el traspiés de Suiza, viene a explicar esta cuestión).
Pero lo que de verdad es muy interesante, es como en las condiciones políticas y económicas actuales, el circo del fútbol tiene ciertas similitudes con la situación política actual. Por favor, lo que a continuación voy a describir no es objeto de un serio y sesudo estudio politológico, sino una impresión que resulta inquietante, y de la que sinceramente espero que no se traduzca a la realidad.
La cuestión es la siguiente: tras 10 días de competición, se pueden deducir algunas cuestiones que sin duda alegrarán a más de un euroescéptico y eurófobo. Pero la verdad, es que si utilizáramos el fútbol como una alegoría de las áreas de influencia en el planeta, el resultado es más que inquietante. Sin duda, a día de hoy, podemos hablar de debacle europea: Francia aniquilada, sin peso y con frentes abiertos por doquier (no encuentran su lugar en la UE, el liderazgo social de Sarkozy ha desaparecido, Villepin desde su posición política se disputa el mismo espacio político que Sarko, etc.), Alemania ha pasado de ser locomotora, a parecer un coche de la extinta RDA (Merkel se ha olvidado de lo que significa Alemania para el conjunto de la UE, “ataca” económicamente a socios como España, debilitando el Euro y se ha olvidado de lo importante que es el eje franco-alemán), Inglaterra deambula al borde del KO (Cameron busca nuevas alianzas con Zapatero y Sarkozy, dejando atrás su imagen de euroescéptico, mira fuera de su entorno – como el hecho de que un italiano dirija la armada británica), Italia, bueno Italia es tan caótica como siempre, está al borde de la eliminación, pero al final llegará lejos, su proverbial picardía le hace estar ahí, pasando desapercibida, para justo en el momento adecuado asestar el golpe, a pesar de sus problemas (como el propio país) y España, bueno hemos pasado de ser favoritos y tener un gran conjunto a estar ya eliminados y eso con un partido; en fin lo de siempre: si hay una nación dispuesta a pasar de los altares a los infiernos en 1 segundo, esa es España.
El caso de África es más preocupante. Sinceramente, el atisbo de la mejoría, calidad y fuerza de sus selecciones hacían prever un resurgir del continente, una dosis de optimismo y de creer en si mismos que ayudarían a salir de su desesperación a otras partes del mismo. El hecho además de que Sudáfrica organice el mundial, supone un acicate al continente para encontrar un motivo para el orgullo no sólo de esa nación, sino del sentir africano; pero la cruda realidad se va imponiendo y todas las grandes selecciones van cayendo: Camerún, Ghana y posiblemente Costa de Marfil y la propia anfitriona Sudáfrica. Sin duda una mala señal, un presagio de lo que puede pasar la próxima década. Espero, sinceramente, equivocarme en esta visión de futuro.
En cuanto a Asia, teniendo en cuenta que no participan ni China, ni India, las dos potencias de la zona, y obviando el poco poder de Japón y de otras naciones de la zona, por no hablar de las pacíficas Australia y Nueva Zelanda (si fuera rugby, esto sería otra cosa), es difícil extrapolar algo realmente interesante o que encuentre un sentido real a la situación. En este sentido, hay que recalcar que el enigma es tan real, como las teorías que existen con China, situándolas en los dos extremos de las posibles realidades que puedan devenir.
Pero lo realmente interesante, y que tiene un verdadero sentido político, es la realidad de América. No sólo por la dominación de Brasil (un verdadero poder regional en los futuros años, con una economía que determinará parte del futuro del planeta en el G-20), y la tradicional Argentina (vino muerta y está resucitada, me suena demasiado a su natural devenir histórico); sino la potencia emergente de México (un futuro agente regional de gran poder, toda vez que resuelva su gran problema interno: la corrupción y el estado de emergencia permanente por la acción de los cárteles de la droga) y Chile (de no ser por el terremoto, los indicadores socioeconómicos del país serían totalmente diferentes) y como colofón el paulatino ascenso de EE.UU. como equipo de fútbol (se nota el papel que la comunidad hispana comienza a ejercer en el balance cultural del gran vecino del Norte).
Como podéis ver no dejan de ser reflexiones hechas al alimón, hilando unas cuantas noticias y sensaciones que transmiten los medios a nivel mundial. Espero equivocarme con la sensación de declive que transmiten tanto Europa como África, pero todo indica a un campeón americano.
Seguiremos expectantes el discurrir de los próximos días…

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La ineficacia del Banco Mundial

El Director de Tendencias Económicas del Banco Mundial, Andrew Burns, anunció el día 9 de junio, en la presentación del Informe de Perspectivas Económicas Mundiales de 2011, que España está en una situación  muy grave“, una situación de la que viene haciéndose eco la prensa anglosajona desde hace tiempo (y exagerándola) especialmente en la Biblia salmón WASP, The Financial Times (con suplemento especial incluido esta semana). Ni que hablar de The Times, que en la edición del 8 de junio comenzaba con este titular de su corresponsal en España “Basura sin recoger, hospitales en modo de emergencia y escuelas cerradas…”; por supuesto era una noticia en referencia a la huelga de funcionarios, pero para eso había que leer el grueso de la noticia, lo que interesa es que parezca que la situación española se equipara ya a la griega. Como colofón el artículo ayer del New York Times, en el que se decía que el Gobierno de Zapatero está haciendo todo lo posible para que España gane el Mundial de Fútbol, y sirva como un “escape” a la angustiosa situación que vive el país.
No voy a ser yo quien niegue que estamos viviendo una situación alarmante. Sí, alarmante porque en definitiva que haya tantos millones de familias que vivan la angustia del paro es trágico, alarmante por la nula o escasa confianza en el futuro que tenemos, alarmante por la ceguera política de quienes hacen política en este país, y por su visión cortoplacista de la Política. Alarmante, porque hace falta que hagamos grandes sacrificios que aún nadie sabe como contarnos, tenemos que hacer una reestructuración de nuestro sistema productivo y hasta ahora no veo ningún avance, ninguna señal, y alarmante porque no veo una sociedad unida, caminando hacia un objetivo claro: la senda del crecimiento económico y social.
Dicho esto, también he de decir que para nada aceptaré que esto es una debacle, como nos quiere hacer pintar la prensa anglosajona (y sus adláteres mercados especulativos monetarios, son ellos los que están haciendo beneficios en este momento). No fue en España, donde estalló la crisis, ni fue en España donde hubo que inyectar ingentes cantidades de dinero PÚBLICO al sistema, como ocurrió en EE.UU., Reino Unido o Alemania, por poner claros ejemplos. En España, tan sólo ha habido problemas con dos cajas, y se pone de ejemplo en el sistema financiero internacional,  nuestro sistema de provisión financiera del sistema.
Dicho esto, y tras la orgiástica inyección de dinero público en el sistema financiero internacional, con un coste 0, si cero, porque lo único que se les pide (espero) es que devuelvan lo prestado sin intereses (¿lo harán?); ahora resulta que tenemos un problema de Deuda Soberana (no sólo en España) y para resolverlo se necesita el dinero de aquellos a los que salvó de la quiebra (lo que no se ha hecho en la historia, con ningún sector productivo a escala global), que evidentemente lo van a dar a precio de mercado, es decir con intereses. Resultado: Los mismos de siempre ganan, pese a su nefanda eficacia y ausencia de ética global (por cierto los mismos “gestores” que originaron la crisis, son los que ahora negocian las deudas soberanas, ¡que asco de sistema!).
Pero volvamos al inicio. Si ya es pernicioso que el sistema financiero y los sistemas públicos internacionales dependan de la calificación “independiente” de tres agencias de rating, que obviamente poseen sus propios intereses y que además operan como agentes dentro del mercado para hacer ganar a sus clientes; más pernicioso aún es tener una estructura bancaria planetaria, que lejos de hacer de la transparencia su divisa, trabaja a cuenta de la mayoría financiera anglosajona imperante.
En el día de ayer, el Banco Mundial falsificó datos sobre España, adjudicándonos un nivel de deuda que no tenemos, somos los 14º y por debajo de la media de la UE, con tal de establecer un ranking oficial (para oficializar el famoso PIGS de la prensa anglosajona, cabe recordar que no es ningún acrónimo oficial de ninguna agencia oficial internacional), bautizándonos como EU-5 (Irlanda, Grecia, Portugal, España e Italia). Tras titubeantes vacilaciones sobre el por qué, quisieron justificarlo como una clasificación de riesgo entre deuda y déficit; pero es que ni así. En este sentido son más peligrosas las combinaciones de Reino Unido (¡!) y Francia, que la de España.
Mi indignación es palpable. Al fin y al cabo, para los mercados tener a la 9ª potencia económica a tiro de especulación es un plato más que goloso, y que a ello se presten instituciones y la prensa anglosajona que lleva años afilando la guadaña (creo que nunca superaron que las empresas españolas se fueran de compras en los 90 y a principios de siglo por Reino Unido, América y EE.UU.), no es sino el resultado de una vendetta largamente esperada.
Nos toca, trabajar duro y remar juntos, esa es la única receta para salir de esto. ¡Ah! y es el momento de dejar hacer a los emprendedores.

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La necesidad de una “Gobernanza” económica real

Sí, la solución en la teoría es fácil, se trata de crear un sistema de gobernanza económica real, tangible y con instituciones desarrolladas ad hoc, que permitan revertir la perversión del actual sistema. Me refiero al sistema financiero económico, que sustituyó el sistema industrial de generación de bienes y servicios, por otro que sólo genera dinero. Y, esta es la perversión central del sistema: el dinero como mercado en sí y no como vehículo para generar mercados de bienes y servicios, y por lo tanto de riqueza social.
Sin duda, la globalización ha sido el catalizador necesario, para la orgía financiera de la última década. Un mercado “libre” funcionando las 24 horas de día, altamente tecnificado, con modelos matemáticos que calculan el riesgo desapasionadamente, cuyo objetivo es el beneficio por el beneficio monetario, sin más. Las finanzas desnudas, sin alma, sin necesidad de aportar valor a la sociedad, ni los más recalcitrantes “neocons” se hubieran atrevido a pensar un sistema así, en la época del último mandato de Ronald Reagan en EE.UU.
Pero, la realidad es tozuda, y nos ha dejado un paisaje desolador, donde la optimización del beneficio monetario se ha llevado por delante a gigantes multinacionales que demuestran esta realidad: donde nada se crea o se produce, nada se mantiene. Los grandes holdings financieros, han resultado ser grandes holdings de cartón piedra; peores escenarios que cualquiera de los realizados para los peplums de los años 60 y 70 de películas de romanos de serie “B”.
Hay otro hecho, más inquietante, y para mi modesta opinión más preocupante en el largo plazo: la ausencia de una capacidad manifiesta de la gestión financiera mundial de los estados soberanos. Y sólo se me ocurren dos motivos, y los dos son realmente desoladores. O bien, nos encontramos en un escenario en el que los estados-nación, no tienen ningún margen de maniobra real para controlar los mercados (salvo la excepción de la política fiscal de las transacciones dentro de su territorio, y aquí comenzaría un largo debate sobre el concepto de “territorio” en el que se producen las grandes transacciones económicas), o bien estamos ante un flagrante caso mundial (especialmente en la OCDE) de ineficacia de la gestión pública económica y de los mecanismos de control para la gestión financiera, donde sin duda el caso más destacable, sin duda, lo protagoniza EE.UU. Su política de “laissez faire” en los mercados nacionales y la poca regulación de su sistema financiero, tiene un gran grado de culpa de lo que está ocurriendo.
Pero no sólo EE.UU. es culpable de esta situación, me preocupa más lo que pasa a este lado del Atlántico. Fuimos muchos los ciudadanos europeos los que observamos con cierta perplejidad la construcción del SME (Sistema Monetario Europeo) de la UE. Embriagados por el olor del Euro, acostumbrados como estábamos al valor del ECU, lo vimos como una extensión natural de la futura fortaleza de la Unión, construyendo una moneda única, asentada en la paridad del sistema monetario europeo, con la idea de competir con el dólar en los mercados externos y olvidándonos de algo básico: todo sistema monetario ha de estar basado en una política fiscal y financiera altamente armonizada. Sin esta premisa, y a pesar de alguna voz discordante y crítica con esta posibilidad en la CIG que vio nacer el Euro, hemos llegado a este punto.
El punto en el que Europa ha de hacer frente a dos grandes retos para completar con éxito la Estrategia 2020, para no verla fracasar, como la anterior. Una Europa que ha de ver con miras al futuro y no en la visión cortoplacista a la que nos tienen acostumbrada la política nacional de cada estado. Hace falta recuperar la capacidad visionaria de los padres fundadores, y para ello hay que hacer un trabajo con urgencia. Se trata de reformular parte del entramado institucional europeo en un doble sentido: por un lado desarrollar una serie de instituciones financieras y fiscales que den origen a un sistema de Gobernanza Económico Europeo, que logre armonizar la política fiscal y económica de la UE. No puede ser que todo esté en manos del BCE y de los Ecofin (con la visión nacional de cada estado encima de la mesa. Para un ejemplo, baste la actitud del Gobierno Merkel con la operación de rescate griega). Por otro lado, ha llegado el momento de darle a la ciudadanía europea más protagonismo a la hora de decidir quienes han de ser sus representantes en la UE. Hemos de dar el paso político necesario, para conseguir un equilibrio entre los legítimos intereses nacionales dentro de la UE, con la necesidad de un verdadero gobierno político de la UE.
Ha llegado el momento de darle la mayoría de edad “verdadera” a la ciudadanía. El Presidente de la UE y un verdadero Gobierno de la UE ha de ser elegido por el sufragio directo de la ciudadanía, con el Parlamento Europeo, como garante del control de la actividad del ejecutivo europeo y, obviamente, con el peso adecuado del Consejo a la hora de llevar a cabo el impulso a las políticas europeas.
Es un momento de cambio político, de cambio social y de cambio de los equilibrios territoriales en el planeta. En las próximas dos décadas veremos como potencias emergentes pedirán tener su sitio en el mundo, y Europa ha de estar presente liderando un sistema de organización social y política, que haga de la innovación y el desarrollo (tecnológico, social y político) su bandera en el escenario mundial.
Este, es el verdadero sentido de la Gobernanza Económica en un momento como este, y un punto de partida para llevar  a cabo acciones, como las que ha propuesto Joseph Stiglitz para la Fundación Ideas, con la puesta en marcha de impuestos nacionales y planetarios para los movimientos de capital con interés especulativo.
Es el momento de replantearse un nuevo modelo social, un modelo adaptado a la sociedad digital, donde los ciudadanos queremos más capacidad de acción y decisión, sobre los temas que afectarán al devenir de las próximas generaciones.
Por ello, creo y trabajaré en ese sentido, que hay que impulsar una Iniciativa Ciudadana Europea que pida que el Presidente de la UE, sea votado por sufragio directo y reformular el Tratado de Lisboa para dar peso a la capacidad de decisión política de la ciudadanía. Suena utópico, ¿verdad?, pero por algún lado hay que comenzar…

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123.000.000.000.000 $

Esa es la cantidad de dólares, 123 billones, que según el Premio Nobel de Economía de 1993, Robert Fogel, calcula que generará la economía china en el horizonte de 2040. Esos 86 billones de euros suponen tres veces !! el volumen de la economía TOTAL del planeta en el año 2.000.
Si China duplicó su renta per cápita en menos de una década entre 1996 y 2005, las proyecciones para ese año son increíbles: según los cálculos de Fogel, China alcanzará en ese año una renta per cápita de 85.000 US $, más del doble de la prevista para el conjunto de la Unión Europea, y muy por encima de las previsiones para India y Japón.
Es decir, al comienzo de esa década, China pasará de ser un país pobre a un país “súper rico” y lo que es más, su PIB será el 40% del total del que se generará en todo el mundo, frente al 14% de EE.UU. y el 5% de la UE (sí, lo que lee, tan sólo el 5%).
Bien, estamos hablando de proyecciones económicas, y los economistas han demostrado al final de esta década que lo suyo no son precisamente las proyecciones a largo plazo. Nadie supo ver o advirtió, de la Gran Recesión que el planeta está viviendo en estos momentos, fruto de los mercados financieros altamente volátiles y especulativos. Cuestión que me traslada la idea de que los economistas son excelentes historiadores, pero pésimos gurús del futuro.
Pero aún así, lo que me traslada la tesis del profesor Fogel es una honda inquietud. En China, una nación con una larga tradición de planificación política de la economía, con ese sistema coercitivo de un capitalismo agresivo, ejercido bajo la égida de un partido único de ideología marxista (sobre la base fundacional al menos), están tremendamente preparados para planificar con saltos intergeneracionales (Herencia de los Saltos Adelante de Mao Zedong). Es lo que tiene gobernar cuando no te sometes a la voluntad del pueblo; eso, y la tradición confuccionista de imitar al maestro, es decir copiar para aprender, y eso conlleva un gran ahorro de esfuerzos en I+D+i. ¿Para qué hacer ese esfuerzo?, cuando puedes copiarlo y replicarlo, o mejor obtener licencias baratas de transferencia tecnológica, dado el pastel tan grande que supone el potencial mercado chino (Pregunte sobre esto, tanto al Consorcio Airbus, como a Boeing).
Dicho esto, la cuestión es la siguiente: ¿Estamos los europeos preparados para dar una réplica a las potencias emergentes, especialmente China? De momento, me temo, que he de ser pesimista, la respuesta es no.
No, porque ya hemos fracasado en la Estrategia de Lisboa, para esta década que se termina. No, porque de momento no existe una respuesta unánime de las instituciones europeas y especialmente de los gobiernos de los estados miembros para encajar una agenda clara y concisa que de resultados concretos al albur de la Estrategia 2020. Y es que estamos perdiendo competitividad a pasos agigantados.
Aún así, debemos, necesitamos ser optimistas. La UE tiene una oportunidad histórica con el nuevo Tratado y los nuevos instrumentos institucionales con los que se ha dotado para esta ocasión, reforzando el papel del Europarlamento y con el nombramiento de un Presidente de la UE y una Responsable de la Política Exterior que estará apoyada por un servicio diplomático creado exprofeso; e histórica también, es la oportunidad que tienen los Estados de trabajar en conjunto desde cada una de sus responsabilidades nacionales para hacer frente a esta crisis, hacer los cambios estructurales necesarios en cada uno de los estados miembros, que permitan la supervivencia de un modelo de estado de bienestar y social, basado en la Innovación y la Sostenibilidad. Este es el modelo y no otro, es el modelo a la “europea” frente al modelo a la “china”, que siempre será a costa de la gran mayoría de la población.
En la actualidad China tiene 1.200 milllones de habitantes, si China llegara a tener un 25% de clase media a la Europea, sería mayor que la población de EE.UU. pero sin duda sería a costa del otro 75%, y ese modelo no encaja dentro de los parámetros sociales y políticos de occidente.
Para ello propongo dos cosas: por un lado es necesario establecer un Pacto Europeo por la competitividad y el mantenimiento de nuestros modelos sociales dentro de una perspectiva paneuropea en la Estrategia 2020 y por otro la necesidad de establecer Pactos Nacionales que sustenten tanto la perspectiva paneuropea, como la perspectiva nacional, que ayude a salir de la crisis y planificar la política económica a largo plazo.
La cuestión es, ¿están nuestros estados dispuestos a dejarse llevar por los objetivos a largo plazo en lugar de estar pendientes de las disputas políticas, por un puñado de votos? Aquí, definitivamente, soy tremendamente pesimista y es realmente lo que me estremece.
Mientras tanto China despierta, tal como advirtió en 1975, Alain Peyrefitte

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